miércoles, 5 de noviembre de 2014

Novela: "Pueblo de Ramu" (Parte 22)

Nota: Parte 1 (Junio) - Partes 2/10 (Septiembre) - Partes 11/19 (Octubre) - Partes 20/21 (Noviembre)


... Esa noche en la habitación y antes de dormir, Carlos no pudo evitar interrogar a su compañero, vio como éste no conciliaba el sueño con la facilidad acostumbrada.

    ¿Estás nervioso por lo de mañana?

    No precisamente… es como el día anterior a cualquier reto. Cuando lo aceptas estás deseando salir, eso es todo.

    Me hubiera gustado acompañarte…

    Lo sé, pero con tres creo que basta. Juanma y Drope son tíos bregados en estas montañas, con ellos iremos todos  bien.

    ¿Iremos todos bien?

    Es un decir… no representamos una acción individual sino colectiva.

    Ya veo que vas entrando en el rollo… Si, espero que todo vaya bien, no me gustaría que se jalaran un muslito tuyo.

    Que gracioso el tío…

    Perdona, ha sido una broma de mal gusto.

    Nunca mejor dicho, la verdad…

Los dos se rieron con ganas. Bruno tras chocar la palma con su compañero a modo de saludo deportivo, apagó la luz y se dejó llevar hasta alcanzar el sueño.

El día siguiente amaneció con la calma acostumbrada, nada hacía presagiar que estaban a punto de iniciar una acción arriesgada. Tras despedirse de los suyos, se dirigió a la armería donde le esperaban sus dos compañeros. El encargado  del lugar les dispuso las armas que consideró más convenientes para la misión. Dos fusiles ametrallador, una escopeta y dos pistolas. En la armería se encontraban también dos personas, representando quien sabe si a la voluntad popular, al sistema de asamblea o porque simplemente estaban allí.

Nadie en el pueblo iba a salir a despedirles como si fueran héroes en una misión imposible. Su acción era un trabajo más dentro del orden establecido. Los dos hombres que se encontraban en la armería, que Bruno identificaba como de esa clase de gente imperturbable, amable y de apariencia extranjera que nunca hablaba de su pasado, simplemente les recordaron los acuerdos de asamblea, los objetivos de la misión y sobre todo hicieron hincapié en lo ya hablado, que usaran más la inteligencia que la fuerza, que fueran hábiles y evitaran por todos los medios usar las armas. Lo prioritario era que no fueran detectados y recogieran el máximo de información posible. Los tres asintieron a las recomendaciones dadas, se colocaron los pertrechos y salieron en pos de su misión.

Ya estaban saliendo del pueblo cuando Bruno pudo advertir la figura de Louise acercándose a ellos. El día anterior ya habían hablado todo lo que tenían que hablar pero ella quiso despedirle con un tierno beso. Solo ralentizó el paso, dejó escapar una sonrisa al tiempo que alargaba la mano a modo de despedida. Luego procurando no descomponer la figura se unió a sus compañeros. El plan era no traspasar el bosque aunque fuera el camino más directo hacia el valle de Sareman, por el contrario atravesarían las montañas, subiendo y bajando puertos hasta colocarse en las estribaciones del valle.  Bruno aprovechó para hablar con sus dos compañeros, ambos nativos de Ramu sobre aspectos que le inquietaban del pueblo, como por ejemplo la naturaleza de las dos personas que acudieron a la armería para despedirles. Drope le contestó sin que mostrara el más mínimo asombro.

-         No eres el único que se ha hecho esa pregunta muchacho… Son más de mil personas foráneas las que han recalado en Ramu en estos dos últimos años. Al principio todo eran interrogantes, luego a medida que nos íbamos organizando todos esos interrogantes se fueron disipando.

-         ¿Y eso…?

-         Pronto entendimos el objetivo, la voluntad de sobrevivir.

-         Ya pero…

-         No hay peros que valgan Bruno. Todos tenemos un pasado, un pasado que ya no cuenta…

-         ¿Qué es lo que cuenta entonces?

-         Lo que cada uno pueda aportar y si ello es positivo, suma simplemente suma.

-         Vale, correcto, puedo entenderlo… se lo que tú y Juanma suman, pero ellos… a uno de los dos lo he visto en la escuela, al otro no lo conozco.

-         El otro dice llamarse Otto, debe ser ingeniero o algo así porque junto con más gente han conseguido aplicar ese tipo de energía.

-         Sí lo he oído, algo he oído sobre eso.

-         Pues para lo curioso que eres… ¿Cómo crees que conseguimos la energía suficiente para todo?

-         De mil maneras…

-         Cierto… pues esos campos magnéticos rotatorios es una de esas maneras.

-         Vale, me quedo igual…

-         ¿Alguna pregunta más?

-         No… no de momento no, ya tendremos tiempo para ello.

Tardaron el día entero en llegar cerca del objetivo, lo lograron tras una dura marcha sin apenas descansar. Mientras caminaban pudieron observar varios esqueletos de cabras de monte, confirmando lo que en su momento ya fue detectado, que el extraño virus también había aniquilado la población de animales salvajes. Lo paradójico era que en el entorno de Ramu, Jabalís, cabras, conejos, pájaros de todas clases, insectos, ratones, pululaban por las zonas boscosas con total normalidad. Aposentados en lo alto de una peña, dejaron que la noche se cerniera sobre ellos mientras observaban con los prismáticos  la ciudad de Sareman que se apreciaba abajo en el valle. Hubo un tiempo en que la contaminación lumínica de la ciudad borraba la imagen de las estrellas en el cielo, ahora todas ellas nítidas formaban una gran bóveda. Mientras se cernía la oscuridad por entre las calles, esperaron prudentemente a observar algo que les pudiera dar una pista. Todo parecía negro y tenebroso, sin ruidos ni destellos. El silencio reinaba sobre el vacío, pero una sensación mezcla de intranquilidad y miedo invitaba al desasosiego. Presentían que allí abajo no era un lugar seguro y tenían que pensárselo muy bien antes de decidirse a dar un paso. Bruno el más inquieto, fue el primero en reaccionar.

    Drope, no parece moverse nada… creo que tenemos que arriesgarnos ya.

    Tú lo has dicho, arriesgarnos… justo lo que no debemos de hacer. Tengamos paciencia y observemos, si allí ahí vida veremos alguna señal.

Juanma observaba en otra dirección, en la parte opuesta de sus dos compañeros. Fue él el primero que advirtió algo interesante.

    Eh… mirad, fijaros bien. Hacia allí, justo tras la torre de la iglesia, no es acaso un reflejo.

    Parece… es oscilante y juraría que puede ser una hoguera.

    Una hoguera… ¿Qué os sugiere?

    Ostras Juanma, después del relato de Roy…

Bruno recordó gráficamente la espeluznante escena de la masía y no le hizo ninguna gracia. Drope y Juanma fruncieron el ceño como entendiendo que ese era uno de los peligros con que se podían encontrar. Al rato pudieron observar que los reflejos ya eran varios.

    Para mí está claro, esa es una zona habitada. Tiene toda la pinta de que esas hogueras están ahí para iluminar.

    Puede ser…

Comenzaron a elucubrar, se preguntaban cuantos podrían ser y cual sería la manera de sobrevivir de esa gente. Entendían que con el tiempo transcurrido ya se habrían agotado las reservas de Sareman, y si la población animal de la montaña estaba extinguida… Todo ello les hacía pensar que no podían ser muchos. Al final decidieron que la única manera de averiguarlo era bajar. Debatieron en como hacerlo y llegaron a un acuerdo. Juanma se quedaría en la peña a la espera de acontecimientos, mientras Drope y Bruno entrarían en el laberinto de calles en dirección a la zona de las hogueras. Lo decidieron así porque Bruno les convenció de que él era el más indicado para hacerlo por su experiencia en las calles de Nalocebar.


Bajaron por la ladera hasta llegar a las primeras estribaciones de casas. Bruno le recordó a su compañero que dos cosas eran fundamentales, evitar tropezar y emitir ruidos así como no despegarse de las paredes. Debían vigilar los portales y ser ágiles en los cruces de las calles. Estar muy atentos a los sonidos, con las pupilas dilatadas y los oídos prestos. Llevaban ropas oscuras y las caras y manos ensuciadas con carbón para evitar posibles reflejos. Por si acaso ambos portaban a la espalda un fusil ametrallador, esperando y deseando no tenerlos que usar. De tanto en tanto se detenían para observar con todos los sentidos atentos. El tiempo transcurrido parecía haber disipado los olores nauseabundos que Bruno recordaba de Nalocebar. Todo él aspecto de Sareman era neutro, opaco, insustancial, como si se hubiera perdido todo rastro de personalidad. Ni siquiera el viento parecía existir, obrándose así un silencio sepulcral...

R.P.I. 02/2013/1807  B-387-13

lunes, 3 de noviembre de 2014

Novela: "Pueblo de Ramu" (Parte 21)

Nota: Parte 1 (Junio) - Partes 2/10 (Septiembre) - Partes 11/19 Octubre - Parte 20 Noviembre

...Sin pronunciar palabra alguna, señaló en una dirección a la vez que realizada una mueca  que daba muy mala espina.

    ¿De ahí… dónde es ahí?

Carlos rápidamente intuyó lo que podía indicar con esa señal, aunque su dedo no se dirigía en la dirección adecuada, producto seguramente de su desorientación. Se agachó y mirándole a los ojos le habló:

    Vienes de ese incendio, ¿verdad?

El hombre se encogió, agrupó sus brazos y afirmó ladeando la cabeza verticalmente. No pronunció palabra alguna, estaba totalmente amedrentado.

    Vale, vale… a juzgar por tus reacciones tienes que haberlo pasado francamente mal. Ahora estás seguro, en buenas manos, no temas nada, nosotros te protegeremos.

Al oír esas palabras pareció tranquilar su ánimo, incluso realizó un amago de sonrisa. Louise con sumo tacto le tocó el antebrazo, éste de manera instintiva rechazó el contacto. Ella insistió procurando respetar su estado emocional:

    ¿Puedes contarnos lo que te ha pasado?

Entonces empezó a realizar unas extrañas convulsiones y a sollozar. Los tres muchachos mantuvieron la calma, esperaron a que reaccionara. Entonces él como buscando un consuelo les miró, parecía quererse asegurar que estaba en buenas manos, luego pronunció con voz entrecortada:

    Los han matado, han matado a todos… solo yo pude escapar.

    ¿Qué es lo que se ha incendiado?

    Era nuestro refugio… lo han quemado, les han matado, a todos.

    ¿Quiénes, sabes quienes han sido?

    Hombres de Sareman…

    ¿De Sareman?

    Sí de ahí, venían de ahí.

A partir de ese momento, el hombre fue relajándose poco a poco e inició un relato de todo lo ocurrido. Su refugio era una masía abandonada en pleno monte. Casi dos años atrás, huyendo de Sareman la encontró. Cinco personas más, tres hombres y dos mujeres ya estaban allí. Lo aceptaron y pudieron sobrevivir en gran parte, gracias a un importante depósito de víveres que encontraron en una especie de bunker instalado en el subsuelo. Existía un pozo de agua que no estaba contaminada. Poco a poco fueron organizándose y generando una mini organización que les permitió sobrevivir a base de cultivar semillas que encontraron en el bunker. La masía se hallaba en un lugar bastante recóndito y quizás esa fue la razón por la cual no fueron detectados con anterioridad. Hasta que llegó la última noche cuando ocurrió la tragedia. Unos hombres armados, serían una docena aproximadamente, llegaron de improviso. Sin mediar palabra alguna masacraron a los tres hombres, luego violaron y mataron a las dos mujeres. El se encontraba casualmente orinando en el exterior y en la parte opuesta por donde llegaron esas bestias, aterrorizado y escondido tras unas matas fue testigo de todo el macabro espectáculo. Estaba paralizado, no se atrevía ni a moverse por miedo a que le descubrieran. Incluso decidió cerrar los ojos como deseando que la tierra le tragara, pero cuando volvió a abrirlos descubrió algo que le descompuso. Estaban descuartizando a una de las mujeres, luego colocaron uno de sus muslos sobre una hoguera, lo asaron y empezaron a comérsela como si fueran unas fieras. No pudo aguantar más, vomitó y sin pensar en nada empezó a correr despavorido, sin importarle si sus pasos eran escuchados o no. Pasó la noche escondido en el bosque y no tardó en observar como el reflejo de las llamas se asomaba en el cielo.  

Mudos y sumamente impresionados, los tres muchachos escucharon el relato de Roy, como así dijo llamarse. Luego se identificaron ante él y le explicaron que provenían de Ramu, donde sería bien acogido. Al oír esa palabra, Ramu, Roy se alertó y realizando un gesto de susto contenido, con las manos dirigidas hacia su cabeza pronunció:

    Dios mío, uno de esos… pude escuchar que había estado en Ramu y que el siguiente objetivo era llegar allí. Los demás parecían asentir y reían… lo oí, juro que lo oí.

Los tres muchachos se contagiaron en una parecida expresión, sus rostros pasaron a ser un reflejo de la preocupación. Debían regresar ya e  informar rápidamente de todo lo ocurrido.





SAREMAN



Nada más llegar ha Ramu, Roy fue inmediatamente acogido y atendido para tratar su estado psicológico. El informe de los tres muchachos fue evaluado y recibido con cierta preocupación, era la primera vez que miembros del pueblo eran testigos de una amenaza evidente. En el pueblo se decidió que un grupo reducido de personas, tres a lo sumo, se acercarían sigilosamente a Sareman para inspeccionar el terreno y valorar la situación.

Drope, Juanma, y Bruno se ofrecieron como voluntarios para la misión. Su conocimiento del terreno y su habilidad para maniobrar en situaciones difíciles les hacían aptos para ser aceptados.  En pocos días saldrían hacia Sareman. La noticia no cayó nada bien en la familia, los padres de Bruno se mostraron disconformes con su decisión, pero él logró convencerles de que se sentía preparado y estaba perfectamente motivado,

Esa mañana Bruno se levantó temprano, Cogió una manzana de la cocina y salió a la terraza. Mientras daba buena cuenta de ella a bocados, fijaba su mirada en el paisaje con la mente perdida en la nada. No pensaba, estaba en paz y más bien tranquilo. Una voz femenina le quitó de su abstracción.

    ¿Cuándo Salís?

    Hola Carlota… Mañana, está todo listo para mañana.

    Buenos días… no te lo he dicho. Tampoco te he dicho que estas loco.

    Buenos días… Vaya, todo el mundo en esta casa está empeñado lo mismo.

    Bueno, será que nos preocupamos por ti…

    Será.

    No… no te inquietes, no voy a darte la paliza. Solo deseo que vuelvas con bien, ya eres mayorcito para saber lo que haces.

    Gracias.

Carlota se sentó junto a Bruno, quedó en silencio y pareció contagiarse de la actitud meditativa de él. Ambos extraviaron su mirada en el paisaje verde y cuidado de la periferia. El silencio estaba apto para que cualquiera de los dos lo rompiera, fue Carlota quien primero lo hizo.

    Se está bien aquí…

    No se está mal…

    ¿Por qué siempre quieres ir más allá Bruno?

    Será porque ese más allá también nos afecta…

    Puede que no te falte razón…

Quedaron otra vez en silencio, creándose un clima de agradable aceptación.  Podían percibirse el rumor del agua en el cercano arroyo y el despertar del día con la gente poniéndose en marcha. Carlota volvió a romper el silencio aún a riesgo de  deshacer el encanto del momento.

    Si… da pena pensar, que todo esto puede acabar cualquier día…

    Ya… pero por lo visto no es bueno pensar en eso…

    Quieres mostrarte irónico pero no me convences… vas a arriesgar tu vida, digo yo que será por algo.

    Evidente…

    Sabes…  creo que entiendo porqué lo haces.

    Gracias por entenderlo… piensa que en Nalocebar ya hacía algo parecido.

    ¿Arriesgabas tu vida?

    Bueno… tampoco es tan dramático. Me infiltraba por las calles plagadas de desastres buscando medios para sobrevivir y observando los posibles peligros, a la vez que preparaba una salida para nuestra familia, salió bien.

    Una salida… No se si ahora eso sería posible aquí.

     Posible o no, deberíamos intentar algo más… No me preocupa tanto lo que vamos a encontrar en Sareman, sino lo que por lo visto todo el mundo en Ramu sabe…

    Pero no lo decimos… es eso ¿verdad?

    Es eso, preferimos no hablar… es más fácil quedarse aquí y no pensar en los causantes del desastre.

    Ese desastre…  ya no nos permite dar vuelta atrás y no sé lo que encontraremos más adelante.

    Pues entonces… como dice Louise, vivamos mientras podamos y dejemos vivir, ¿es eso, no?... acabareis por convencerme.

    ¿Eso dice Louise…?

    Bueno… eso y otras cosas, claro.

    Te gusta, ¿verdad?

    Pues… si, claro que me gusta.

Carlota puso cara de pillina, sonrió y siguió mirando el paisaje. Bruno se sintió como cogido entre dos fuegos, se levantó y al tiempo que con su mano y a modo de caricia le desordenaba  sus cabellos negros, aprovechó para despedirse de ella.


    Me voy, tengo cosas que hacer…

R.P.I. 02/2013/1807 B-387-13

sábado, 1 de noviembre de 2014

Meditaciones al alba: "Autoestima y humildad"

Cada  ser humano es único e irrepetible. Si sabemos entender esta cuestión, encontraremos la mejor medida para la autoestima.

Pero ser únicos no significa ser soberbios. Si lo pensamos bien, solo somos una parte insignificante de algo tan inmenso como es la existencia.


Ser humilde es interesante, porque nos permite seguir avanzando en conocer el misterio de la existencia. El sabio que lo sabe todo, no ve más allá de lo que le dicta su propia estupidez.


Novela: "Pueblo de Ramu" - (Parte 20)

Nota: Parte 1 (Junio) - Partes 2/10 (Septiembre) - Partes 11/19 (Octubre)

...

    Entiendo lo que sientes… pero por mucho que te esfuerces, jamás podrás tú solo recuperar ese brillo que le falta a la vida más allá de Ramu.

    ¿Entonces?

    Vive y deja vivir, mientras puedas… estemos atentos a una realidad que hemos creado, aunque sea una ficción, una isla en el basto océano de la destrucción. Todos sabemos que tarde o temprano pasará algo, pero no conocemos su alcance ni quien ejecutará esa acción. Lo que si tengo claro, es que de una manera o de otra, la imprenta de nuestra justa manera de vivir, allí abajo en Ramu, será útil.

    Útil, para qué, para quien, si no hay futuro.

     Por lo menos para ti cabezón… anda corta esos turbios pensamientos y vive mientras puedas… tienes todo el derecho a disfrutar de momentos de felicidad, lejos de pasado, lejos del futuro…

Bruno observó como tras pronunciar esas palabras, a Louise se le nubló el ánimo, sin duda algún recuerdo podía haberle afectado. Supo reaccionar rápido e intentó despejar la sombra que había provocado.

    Lo siento Louise… tienes razón, no tengo derecho a enturbiar mi ánimo porque con ello puedo contagiar el pesimismo. No tengo derecho a pensar en el pasado ni a elucubrar con el futuro, no es justo, no es justo ni para mí ni para nadie. Lo siento Louise, lo siento. 

    No te preocupes Bruno…

    Como no voy ha hacerlo… yo tengo a mi familia, Carlos tiene la suya…

    Corta Bruno, corta, no sigas…

Bruno entendió que había metido la pata hasta el fondo. Louise tenía un pasado y su recuerdo debía de doler. Ella estaba lejos de todo lo que pudo amar y solo pensar en esa circunstancia tenía que llenarle de amargura. No quiso ahondar ni usar las palabras, decidió abrazarla con la máxima ternura, la besó y la dejó arrullada sobre su pecho.  

Carlos, ajeno a la conversación de sus dos compañeros, seguía oteando el horizonte. En un momento determinado, exclamó unas palabras para llamarles la atención.

    Ey tortolitos, dejar de arrullaros y mirar esto…

Bruno y Louise, entendieron por el tono de su compañero que algo importante había observado, se incorporaron para ponerse a la altura de Carlos.

    Allí, allí abajo, en dirección a Sáreman…

    Santo cielo… parece humo.

    Sí, eso o algo parecido, en todo caso es un signo… de vida.

    Puede ser un incendio ocasional…

    No, no lo parece, más bien  es como si fuera el humo de una chimenea.

    Demasiado fuerte para ser una chimenea… y si te fijas bien es una zona intermedia, en pleno monte.

     Deberíamos investigarlo…

    Eso es arriesgado Carlos… ¿No es mejor dar  parte y ya se verá?

    Sería lo mejor, pero esto no me gusta nada… Que os parece si nos retiramos y empezamos a descender.

    Mirad muchachos, estoy de acuerdo en no perder más el tiempo. Bajemos y mientras tanto ya decidiremos que hacer.

Estaban acostumbrados a subir las montañas cercanas y otear el horizonte. Lo que vieron ese día entendieron que no era normal, por eso se apresuraron en bajar. Recogieron todos sus bártulos y empezaron a descender por la cresta en dirección al bosque. Al llegar, fue cuando Bruno propuso dar un rodeo hacia la zona donde habían observado el humo pero sin llegar allí, solo para ver si captaban algo que les diera una pista. Hubo un pequeño debate, eso les iba a retrasar pero entendieron que tenían que hacerlo. No saldrían del bosque, buscarían un pequeño promontorio que conocían y observarían en dirección a la incidencia.

Se tuvieron que apartar del sector permitido y adentrarse en el bosque enmarañado donde proliferaba el desorden, las brozas, las zarzas y los caminos cortados. Todo ello configuraba una especie de barrera natural que complicaba la llegada a Ramu. Lograron abrirse paso con cierta dificultad hasta lograr ascender por una zona rocosa y rodeada de vegetación maltratada. Desde esa parte elevada observaron con los prismáticos en dirección a la columna de humo negro que se podía apreciar perfectamente en la lejanía. Desde luego no era producto de una chimenea por su densidad, ni de un incendio forestal porque el humo provenía de un solo foco.  La vasta extensión de terreno que tenían ante sus ojos, plagada de bosque, monte bajo y oscilaciones de nivel, les impedía divisar el objetivo. Lo único que  tenían  claro es que aquello no era un fenómeno natural sino algo provocado y en una zona distante de Sareman.

No era prudente seguir hacia la columna de humo, entre otras razones porque no se podían tomar decisiones arriesgadas que pudieran poner en peligro a la comunidad. Decidieron dar marcha atrás e informar de lo que habían observado. Avanzaban por entre la maraña, abriéndose paso con dificultad, buscando la zona libre y limpia producto del cuidado y de la extracción de biomasa. Cualquiera que no tuviera la clara intención de llegar a Ramu, hubiera desistido al centenar de pasos, era horrible avanzar entre tanto desorden de ramas descompuestas, enredaderas, lianas, zarzas espinosas y árboles quebrados. En un pequeño claro pararon un momento para descansar, entre otras razones porque voluntariamente avanzaban dando pequeños rodeos y evitando la línea recta, era una manera de no dejar pistas claras que llevaran a la zona limpia camino de Ramu. Fue en ese momento cuando oyeron unos sonidos extraños y cercanos provenientes del bosque.

    Eh… escuchad eso

    ¿Un animal?

    Algo se mueve lento… y es pesado.

    Ese movimiento no es ágil…

    ¿Qué hacemos?

    Quietos… todos quietos.

Durante instantes quedaron en silencio e inmóviles, notando como ese sonido quebrando ramas y tirando de las zarzas se acercaba. Se tumbaron en el suelo para no alertar y deseando que aquello no fuera una amenaza. Fue Louise la primera que llegó a advertir que era un hombre joven, desarrapado, y con la ropa hecha jirones quien avanzaba con extrema dificultad. Parecía huir de algo y transmitía pavor. Hizo una señal a sus compañeros, todos advirtieron que no podía representar amenaza alguna, sino al contrario era un ser amenazado. Decidieron levantarse al unísono y darle el alto. El hombre al advertir la presencia de los tres, inició una huida despavorida. Durante unos instantes, se produjo una persecución totalmente descontrolada, llena de arañazos y de despropósitos. Al final, el hombre se notó acorralado y pareció rendirse. Su rostro reflejaba el miedo, sus ojos se fijaron en los arneses y cuerdas que portaban, quizás los confundió con armas y entonces se acurrucó en el suelo y protegiéndose la cabeza empezó a gritar totalmente desesperado.

    ¡No quiero sufrir más… no… matarme de una vez!

El  hombre en su pavor, no acertó a entender que los tres muchachos de una edad muy parecida a la suya en absoluto iban a hacerle sufrir, muy al contrario intentaban ayudarle. Se mostraba histérico, aterrado y no paraba de ladear la cabeza a un lado y a otro. Fue entonces cuando Bruno tomó una decisión instintiva, lo agarró por la pechera rompiendo aún más su camiseta y le soltó un par de bofetadas. Luego lo sujetó por los hombres y pronunció con voz firme y decidida:

    Calla de una vez y atiende… míranos, míranos bien. No somos unos asesinos, solo queremos ayudarte.

El  hombre pareció calmarse algo, pero aún así no pudo o no supo mirar a los ojos de ninguno de los tres. Fue entonces cuando Louise se acercó a él y con voz suave intentó calmarle.

    Tranquilízate… no vamos a hacerte daño, solo te queremos ayudar. Míranos,  veras como no tenemos pinta de hacerte daño.

El hombre, tímidamente y ya más tranquilo miró a los ojos de Louise, algo debió notar en ellos, algo profundo y cálido, porque su reacción fue dejarse caer en el suelo y en cuclillas empezar a llorar con un tremendo desconsuelo, desahogando toda la tensión acumulada.  Bruno se arrodilló junto a él y le ofreció agua de una cantimplora. El hombre la aceptó, empezó bebiendo tímidamente para luego saciar su sed de una manera desbocada. Dejaron que se tranquilizara, luego le ofrecieron algo de comida que liquidó como si fuera un animalejo. Cuando ya estaba más calmado Louise se acercó y le preguntó:

    ¿De donde vienes? ...

R.P.I. 02/2013/1807 B-387-13