martes, 25 de agosto de 2015

Cuento: "Memorias de una ardilla" - Capítulo - Poder elegir.




   No hubo excesivo romance, sí comunión de intenciones. El y yo sabíamos cual era el objetivo a cumplir. Ambos consolidamos un nido abandonado y lo adecuamos para su función. Cuarenta y seis días después, cinco minúsculas formas se movían en el nido. Mi ardilla macho nos abandonó para que pudiera estar cómoda con las criaturas. Ellas mismas encontraron los pezones  y el abrigo de mi cuerpo. Durante las siguientes seis semanas mi vida fue una continua búsqueda de alimento, procurando siempre no ausentarme demasiado porque cada minuto fuera del nido era un riesgo para mis recién nacidas.  

   A los dos meses las pequeñas ardillas salieron por sí solas del refugio. Todo el verano fue un campo de aprendizaje para ellas. Aprendieron de mí y de sus errores, el bosque fue la cuna de sus primeras experiencias. Yo disfrutaba re corriéndolo con ellas a mi espalda. Me sentía bien siendo guía y lucero en la noche de su entendimiento. Tan pronto como la luz llegó a sus ideas, una tras otra fueron desapareciendo en el bosque en busca de su propia identidad. Catorce semanas después de su nacimiento me encontraba sola en un apartado lugar del bosque, muy lejos del nido donde di a luz. Sentía haber cumplido un ciclo exacto de mi existencia, un día yo nací y ahora otros de mí lo hicieron. En ese intervalo de tiempo adquirí ciertos grados de experiencia, pero no era suficiente como para dejar pasar la vida contemplándola, debía seguir caminando. Conocía a la soledad, ella curtió mi carácter hasta hacerlo resistente a las adversidades. No la deseaba como un lastre sino como una buena compañera. Con ella pude pensar, sentir con más intensidad, y de ella saqué la fuerza necesaria para caminar muy unida a mi propio criterio. La marcha de mis pequeñas ardillas no me abrumaba, eran libres de desarrollar sus vidas y de elegir su destino en el bosque. Yo también podía elegir; si vagaba por entre los árboles, seguro que encontraría un sector adecuado para vivir y refugiarme en el próximo invierno. Pero si de algo sirve la experiencia es para saber maniobrar con tus pasos en una dirección meditada. Sabía que los seres humanos no eran de fiar; es imprevisible su reacción ante tu presencia, pueden hacerlo con sorpresa, admiración, curiosidad, ternura, violencia. Sin embargo, tener amigos entre los hombres era una fortuna. Reconocía en el hombre al mejor aliado del reino vegetal y animal, siempre y cuando su voluntad fuera de crear y no de destruir. Mis amigos de la masía no eran violentos, de ellos podía esperar un refugio para mi libertad. Era absurdo desaprovechar tan hermosa oportunidad. Decidí volver a la masía. Mientras Eva y su familia existieran, allí nadie limitaría mis movimientos y jamás me faltaría cobijo y comida si no la encontraba en el bosque.




jueves, 13 de agosto de 2015

Poema: "Rosa"

Tu nombre es una flor,
en el tallo espinas.
Para llegar al color
sé que lo adivinas,
una herida... y dolor,
pétalos de hebras finas
delicado y fragante olor.
Sí... lo imaginas
te hablaré de amor
y de todo aquello
que te dé calor.
Tu cuerpo es bello
transmite candor
pero... y eso
que deseas con fervor.
Como siento que lo sientes
y como quiero que lo cuentes,
en una tarde al sol,
tranquila y relajada
desde tu crisol.
Sabes, mi bien hallada,
te creo enamorada
y no puede la vida
dejarte, sin morada.


jueves, 30 de julio de 2015

Cuento: "Memorias de una ardilla" Capítulo

DULZURA

 Amansada por el dolor y la tristeza casi no reparé en el nuevo día. Estuve toda la noche sin dormir, recordando pasajes felices de mi existencia, intentando aceptar mi situación y dejando que un pequeño hilo de esperanza me atara a la vida. La luz ya se filtraba por el trapo negro y no muy lejos, el cazador y su mujer ajenos a mi estado hablaban de sus cosas. Pasaba el tiempo, tenía hambre y ninguna gana de comer, tenía sed y no me importaba. Seguía en la jaula esperando que algo pasara. Sonó un timbre en la casa. Alguien abrió una puerta. Una voz joven y suave había llegado. Empezaron a hablar, pronto me di cuenta que yo era el motivo de la conversación. Unos pasos avanzaron hacia la jaula. 
-         Eva, tu tío encontró algo para ti, está en la jaula, tapada. Es una sorpresa. 
   Sorpresa, yo una sorpresa. Como se puede ser tan mentirosa. No me tapasteis más que para evitar mi rebeldía. 
-         Trata de quitar el trapo con cuidado, ayer estaba muy nerviosa. Todavía no se ha acostumbrado a la jaula. 
   Ni nunca lo haré. Tú, cazador, dijiste que yo era una ardilla adulta y que no soporto la cautividad, ¿por qué ahora pretendes indicar que no estoy acostumbrada a estar entre barrotes?, ¿por qué ahora tu voz quiere ser amable? 
Unas manos descorrieron el trapo lentamente. La luz entró con ganas en la jaula, casi dañando mis ojos e impidiéndome ver a la visitante. Pude estallar en rebeldía, pude gritar y ponerme histérica de miedo y de rabia. Sin embargo no lo hice y no sabía bien porqué. 
-         OH… es una ardilla, una pequeña ardilla. Que preciosa, es la primera que veo tan de cerca… Pero que delgada, y parece estar muy triste.   
   Aquella voz suave me llenó de calma. Aquella voz parecía entenderme… “Sí, estoy muy triste y no sabes cuanto “. La muchacha hizo un ademán instintivo de acercar sus manos a la jaula. 
-         ¡No!  Eva, no hagas eso. Ten cuidado podría morderte. Es un animal salvaje aunque parezca pacífico. 
   Cazador tienes razón, yo soy salvaje pero tú eres necio. Un animal salvaje sólo ataca cuando se ve acosado. Ella no me inspira temor… ¿Por qué no pruebas a poner tu mano? 
-         Tío… no me da miedo. Deja  que la acaricie, no me morderá. 
   No a ti no te morderé. Puedes acariciarme. Necesito tus caricias. Hazlo Eva, hazlo por favor. 
   Su mano blanca y tierna abrió la portezuela de la jaula para introducirse en mi busca. Noté como la yema de sus dedos resbalaba dulcemente por mi lomo hasta acabar recorriendo mi cola. Luego tocó con extrema suavidad mi cara y jugó con mis bigotes. Yo aproveché para cabecear ligeramente contra su mano, levantando su sonrisa. 
-Ves tío, es una ardilla muy simpática. Me gusta. 
— Y tu también me gustas —. Miré a la muchacha. Sus grandes ojos azules llenos de bondad. Su cabello castaño, alisado y cayendo sobre sus hombros, con un gracioso lazo rojo. Su rostro claro, fino, adornado por una sonrisa que parecía eterna. Sus movimientos suaves, tranquilos, llenos de amabilidad. Sabes Eva, no me importaría que me tomaras en tus brazos. 
-         Tío, quiero cogerla. 
-         Eva no lo hagas, se puede escapar.
   Cazador no hagas que te odie. Tú no tienes ningún derecho sobre mí. Yo era libre cuando tú me capturaste. El derecho de escaparme es mío y también el de dejarme acariciar. 

   Eva, con mucho cuidado, me rodeó con sus manos para llevarme hacia su pecho. Me sentí plenamente reconfortada de todos mis sufrimientos, tan solo con la tierna sensación de su calor. Aquel momento de dulzura consiguió transportarme a los días en que madre me acogía entre su pelaje, y sirvió para que entendiera que el amor era una capacidad que también tenían los humanos.

jueves, 23 de julio de 2015

Poema: "Enamoramiento"

Te siento próxima
aunque tu no estés.
El Mundo parece
vuelto al revés.
Que difícil conjugar
el verbo querer,
cuantas ganas
de volverte a ver.
Si te preocupas
algo de mí se inquieta.
Si te alegras,
mi corazón lo nota.
Cuando te acercas
el tiempo se escapa
sin ningún motivo,
y siento que soy
algo más que un amigo.
Como decirte
que cuando pienso en ti,
mi corazón late
muy cerca del tuyo.
Cuando te rozo,
mi sangre se altera
en un alborozo
y deja las venas
llenas de gozo.
Si esto es amor
así te lo digo,
no estás sola amor
yo voy contigo.
Y aunque tu cuesta
sea un tanto dura
y la luz del cielo
parezca escasa,
a tu lado subiré
alumbrando el camino,
y al llegar la alborada
con el cielo azul
y el alma calmada,
deja que te bese...
si estás enamorada.



domingo, 19 de julio de 2015

Meditaciones al alba: "La contradicción"

La contradicción es algo inevitable… resulta imposible entender o sujetar todas las circunstancias que ocupan nuestra vida.

Estar en paz con el Mundo… no significa que el Mundo esté en paz.

Sentirse en paz con uno mismo… no significa que lo que te rodea esté en paz.

Vivimos en un Planeta excelente al cual no le falta de nada para vivir en Paz… pero nos olvidamos que es un ser vivo al cual se le está vapuleando ya demasiado.


miércoles, 15 de julio de 2015

Poema: "Compromiso"

Si vivimos en la Tierra
... estamos comprometidos.
No podemos escudarnos en la ignorancia
ahora, todo es compartido.
La muerte nos une,
la vida preocupa al nacido
y el futuro funde la alegría.
Negros nubarrones en el horizonte
cargados de sangre, fuego y miseria
esperan descargar su furia hiriente.
De que sirve hablar todo el día
si no hay reacción firme y valiente.
De que sirve escudarse en el tiempo,
si no hay tiempo en el presente.
Si no somos nosotros, ellos sufrirán,
y el Mundo no cambia
... si el ser humano no cambia.
Porqué echarlo todo a la espalda,
porqué no buscar la armonía
dentro nuestro, al lado nuestro.
Una Tierra seca y lacerada
anhela las manos del hombre sensato,
y la Tierra quiere ser amada,
la Tierra quiere sentir nuestro canto.
No todo está acabado...
el futuro nace hoy, tras el llanto,
en la fuerza del ánimo y en el encanto.
No es vencer... es continuar,
volver a andar, porque ya hemos andado.
La victoria empieza al levantarse,
la Historia se escribe al caminar,
pero caminemos, que no lo hagan otros,
porqué no intentarlo por nosotros.
No es tan difícil como haber acabado,
ni tan fácil como estar parado,
es simplemente... vivir.
Somos los dueños del destino,
pero no está labrado el camino.
A cada paso, una semilla
tras la siembra del pasado.
Puede florecer el futuro...
si no nos arrepentimos, de haber amado.




lunes, 13 de julio de 2015

Cuento: "Memorias de una ardilla" - Vuelo rasante

   Pese a mis pocos meses de existencia ya llegaba a comprender que la vida en el bosque no era fácil. Los días podían ser hermosos si encontrabas comida, si nadie distraía tus juegos; o cuando en lo alto de una rama, dejabas pasar al sol peinando la cola y limpiando tu pelaje. Pero no siempre era todo tan tranquilo, el miedo y la angustia podían aparecer en cualquier momento, desde el aire, el suelo o en el mismo árbol. Madre decía que era preciso ser muy despierta para sobrevivir largo tiempo en el bosque, que la agilidad nos ayudaría pero mucho más importante era observar, y que el tiempo nos daría experiencia siempre y cuando supiéramos prestar atención.

   A veces, dejaba los juegos alocados de mis hermanos, me subía a la atalaya del árbol y permitía a mi vista que se perdiera en el movimiento del bosque.   Cualquier cosa podía llamarme la atención. Un día que nunca olvidaré sucedió algo aterrador, algo más fuerte que el miedo y la angustia juntos. Todo parecía normal, el ruiseñor daba su concierto en lo alto de una encina y las ranas croaban en una charca cercana. De repente apareció el silencio, señal inequívoca de que había peligro. No muy lejos de donde yo estaba, una rama se sacudió por el empuje de unas garras al despegar. Vibraron las hojas, alguna cayó oscilando suavemente hacia el suelo. Un aleteo firme y seco dejó paso al vuelo rasante del azor apenas rasgando el aire entre la espesura. Hubo un instante de quietud, el miedo cobró vida en algunos habitantes de los matorrales. Todos se escondieron, yo me abracé al tronco sin un suspiro. Solo aquel gazapo cojo y flaco continuaba merodeando el suelo sin enterarse de nada. Se paró, irguió sus orejas y deseó no haber nacido. En un instante el azor hizo presa de él fuertemente con sus garras. Crujieron sus huesos ante el abrazo de la muerte. El estertor del pobre conejo acompañó al ave en su vuelo mientras se perdía entre los árboles. 

  Todo sucedió en breve tiempo. El ruiseñor continuó con su canto como si nada hubiera pasado, las ranas reanudaron su croar. Yo me despegué del tronco y volví a respirar. El bosque recobró el movimiento. Seguí observando desde mi atalaya la vida en el bosque, quizás no tan hermosa quizás no tan cruel.