lunes, 16 de marzo de 2015

Poema: "Esperando a la Primavera"



    Aterricé en un Mundo convulso
buscando a la añorada primavera.
    No la encontré allá donde el hambre
reinaba, debido a la ceguera
de los falsos sabios sin renombre,
ni en el horror de las guerras,
ni en los corruptos sistemas
que anulan la voluntad
y explotan a los humanos
condenándoles por anatema,
ni en los egoístas y falsos mercados
tan arrogantes como ufanos.
    Me dijeron seres ilustrados,
pese a todo...sí existe ahí la primavera,
es entonces cuando el designio brota
inundando de luz la esperanza,
cuando las semillas inician su derrota
para germinar en color y confianza.
    No pienses, me dijeron...
que se puede vencer a la primavera,
por mucho que la quieran anular,
ella siempre llega, y nunca desespera.
 
 


jueves, 12 de marzo de 2015

Novela: "Pueblo de Ramu" (Parte 56)

Nota: Parte 1 (Junio) - Partes 2/10  (Septiembre) - Partes 11/19  (Octubre)
 Partes 20/30  (Noviembre) - Partes 31/37 (Diciembre) - Partes 38/46 (Enero) 
 Partes 47/53 (Febrero)-  Parte 54/55 (Marzo)
...
—  Bueno yo…

—  No hace falta que intentes explicarlo, tus gestos, la expresión de tu rostro te delatan… se que quieres hablar conmigo.

— Es cierto… y de eso ya hace unos días. Los últimos acontecimientos han retrasado mi intención.

— Puedo entenderlo…

—  Vanessa… ¿tú sabes que os llamamos "ingenieros"?

— Lo sabemos…

— Para nosotros es una forma de respetar vuestro espacio, de manifestar que sois diferentes… hemos logrado poneros a la misma altura que el resto, pero todos sabemos que sin vosotros nada hubiera sido posible.

—  Y sin embargo físicamente nosotros nada hemos realizado… ¿estás seguro de tus palabras Bruno?

—  Porqué crees que os llamamos "ingenieros"… ellos planean, los demás ejecutan las ideas.

—  No estoy totalmente de acuerdo con lo que dices, las ideas también han sido vuestras.

   Bruno al oír las últimas palabras de Vanessa, abrió los ojos de par en par como buscando situarse mejor en su intento de saber algo más objetivo al respecto de los  "ingenieros". Las palabras suaves y tranquilas de Vanessa pronunciadas en un tono justo y cadencioso invitaban a la reflexión. No decía nada y sin embargo lo estaba diciendo todo, eso es lo que Bruno podía captar.

—  Bien… es cierto, nosotros hemos ejecutado las obras y estoy de acuerdo con que las ideas han fluido de nuestras mentes. Pero todos sabemos o quizás intuimos que vosotros habéis sido como un canal, una fuente de inspiración, un enlace con el cosmos… eso es, con el cosmos y con todo lo que representa. Eso no me lo puedes negar Vanessa.

—  ¿Esa idea es tuya?

— Pues claro que es mía… y de los demás. Comunicamos, pensamos, deducimos y nos respetamos, es así como surgen nuestras ideas. Pero… creo que ya ha llegado la hora de destapar de una vez el secreto, si es que este existe.

—  ¿Es tu reflexión?… sabemos que no existe tal secreto, luego nada se ha de destapar.

—  Entonces porqué no hablamos claro… en el punto donde estamos, ¿Qué más se puede hacer?

—  Nada… ya está todo hecho, todo dicho.

—  Pues que hacemos… bajamos la guardia, nos dejamos ocupar, renunciamos a la vida… ¿es eso lo que hemos de hacer ahora?

—  Tu sabes que nada de lo que has dicho tiene sentido… entendemos que se necesita escuchar palabras que confirmen lo que pensamos, lo entendemos.

—  Entonces… dímelas Vanessa, lo necesito, lo necesitamos.

—   Ha llegado la hora de marchar… es algo que ya todos deben de saber.

   Bruno al oír esas palabras no se extrañó en absoluto, en cierto modo era algo que se esperaba.

—   ¿Marchar?... es lógico… éste no es vuestro lugar… primero marchan los soldados, ahora vosotros… nos quedamos solos, solos con nuestro triste destino.

—   Ni tu mismo crees en tus palabras Bruno… ni estáis solos ni vuestro particular destino es en absoluto triste.

—  Ya… pero los días del Bruno de carne y hueso, como los días de todos los demás, quizás ya estén contados… ¿habrá servido de algo tanto esfuerzo, tanta ilusión?

—  Bruno, tu sabes bien que cada uno tiene un papel en la vida, en esta particular vida. Por eso nosotros hemos de marchar y vosotros tenéis que quedaros para seguir con vuestro papel y eso no es ninguna ilusión.

—  Seguir con nuestro papel… es curioso. Mi conciencia está tranquila, no me importa acabar ya de una vez, pero sigo pensando que algo más hay que hacer, que no todo está perdido, que todo lo que hemos logrado no va a quedar en un saco roto y desaparecer su registro sin más…

— Ninguna acción sea del signo que sea es inútil, siempre crea un registro por el que tendremos que responder o presentar.

—  ¿y a quien respondemos, a quien presentamos ese registro?

— Primero tiene que pasar por el filtro de nuestra conciencia, y según hayan sido el signo de las acciones toca responder o presentar.

— Vanessa, nos estamos hiendo por las ramas, por favor, aun tengo las raíces en esta tierra…

—  A ti te preocupa que todo haya sido inútil… puedes estar tranquilo, no ha sido inútil.

—  Mira que llegáis a ser herméticos…

—  Y sin embargo por lo que parece, todo el mundo sabe quienes somos… Bruno, no podemos anticipar la historia ni el final de ella porque no existe tal final.

— Paso a paso… ¿es eso?


   Vanessa simplemente sonrió, Bruno no quiso insistir más. En su fuero interno tenía todas las respuestas, solo faltaba un elemento por descubrir y tenía que hacerlo pronto, si no nada tendría sentido. Tomó de la mano a su hermana y se dispusieron a salir de la guardería para dejarla en su casa. Vanessa salió a la puerta a despedirlos, su rostro transmitía toda la serenidad del Mundo, pero esta vez no sonreía. Bruno mientras empezaba a caminar, giró su cabeza para mirarla con una expresión en sus ojos que quizás pudiera dar a entender que algo había captado, se sentía en paz y tranquilo pero algo triste… Estaba un tanto abstraído en sus pensamientos, hasta que su pequeña hermana le dio un pequeño tirón en la mano...

R.P.I. 02/2013/1807 B-387-13

miércoles, 11 de marzo de 2015

Meditaciones al alba: "Perseverar"

Perseverar es tan necesario como respirar... Nada que deseemos tanto se consigue sin querer. Muchas veces, casi todas las veces, vivir lleva implícito el caminar en pos de un logro.

La mirada clara, la sonrisa abierta... Esa persona eres realmente tú, piénsalo cuando te veas así ante el espejo. 


domingo, 8 de marzo de 2015

Novela: "Pueblo de Ramu" (Parte 55)

Nota: Parte 1 (Junio) - Partes 2/10  (Septiembre) - Partes 11/19  (Octubre)
 Partes 20/30  (Noviembre) - Partes 31/37 (Diciembre) - Partes 38/46 (Enero) 
 Partes 47/53 (Febrero)-  Parte 54 (Marzo)
...
— Lorenzus… nosotros entendemos muy bien lo que ha hecho por nosotros y lo que esto ha significado para usted… lamentamos que tenga que verse en una situación desagradable.

— Es mi responsabilidad… se supone que además de soldado soy… un ser humano ¿quizás?

— Nosotros no lo dudamos…

   Lorenzus recobró la compostura marcial, todavía iba vestido de militar, todavía era un militar, irguió el tronco superior y habló con decisión.

—  Basta de milongas… yo tomé la decisión y deberé responder por ello, a ustedes… solo puedo desearles suerte.

— Teniente… puede usted tomar la decisión de quedarse, lo sabe.

—  No dudo que sería bien acogido, de hecho siempre me he sentido así en este pueblo, eso no lo olvidaré jamás… pero quiero advertirles, debo advertirles… ustedes están presos en su pueblo, están sujetos a ley marcial… el pueblo está rodeado en un perímetro exterior, jamás podrán salir de él. Nuestra presencia en el pueblo es una ficción. No importa que mi destacamento sea relevado o no, tan solo ejercemos vigilancia para informar de los movimientos internos, todas las patrullas de vigilancia del perímetro no son sino meras fachadas… ¿lo entienden?

— No solo lo entendemos, sino que lo sabemos… tenemos conocimiento del perímetro exterior.

—  ¿A sí?... celebro que estén bien informados… pero eso no indica nada bueno, deben de saberlo.

—  Que importa eso, si podemos permanecer en el pueblo, al fin y al cabo es lo que hemos estado haciendo estos últimos años.

—  No estén tan seguros… ustedes son como una pequeño oasis en un desierto, y no sería la primera vez que el desierto se traga al oasis.   

—  Eso también lo intuimos… Teniente, ¿entonces no se queda con nosotros?
Siempre es mejor estar en un oasis que en un desierto.

—  No… ustedes saben que no puedo hacerlo, debo enfrentarme a mi destino, si me quedara aquí sería otro problema para ustedes y ya tienen suficientes. No, gracias por todo. 

   El teniente Lorenzus se puso en pie, con serenidad abandonó la estancia para marchar junto a sus soldados, tenían que prepararse para su salida del pueblo.

   Al día siguiente la pequeña comitiva militar se puso en marcha, encontraron el pueblo en silencio, sin gente en la zona donde ellos estaban y eso les extrañó sobremanera. Fueron avanzando por la calle central camino de la salida y siguieron sin encontrar a nadie, no entendían nada. Pero justo al doblar la última curva y encarar la carretera se encontraron con una masa de gente cerrándoles el paso.  Lorenzus mandó parar los vehículos, pero no tardó en entender lo que estaba pasando y aceptó el hecho con una enorme tranquilidad interior. A marcha muy lenta se decidieron a cruzar la marea humana, ésta se abrió a su paso y de las manos de las gentes empezaron a salir pétalos de flores que fueron lanzados a los soldados, era su sentido homenaje a quienes consideraban sus amigos. A la vez dejaban escapar de sus gargantas voces de ánimo, piropos y parabienes dirigidos a ellos. Sobre una pequeña elevación del terreno junto a la carretera, una pequeña orquesta improvisada lanzaba al aire notas rítmicas y optimistas que se ahogaban por el griterío de la gente. De improviso todo se convirtió en un jolgorio al que los soldados se sumaron en un sonreír continuo, más de uno de ellos no pudo evitar que alguna lágrima furtiva se escapara por sus mejillas. Mientras tanto, el teniente Lorenzus, con el rostro serio pero relajado y la conciencia tranquila saludaba a todos con gestos suaves y armónicos. Intentaba amagar la sonrisa, lo intentaba y hasta los conseguía si bien en su rostro se traducía un profundo gesto de correspondido agradecimiento.

   Una vez hubieron sobrepasado la marea humana, los vehículos aceleraron las revoluciones de sus motores para ir desapareciendo por las curvas de la carretera, no sin que antes las manos al aire de los soldados se comunicaran con los centenares de brazos al aire de las gentes del pueblo en signo de despedida... 


LA DECISIÓN 


   La marcha de los soldados no solo generó una incógnita sino que además creó un cierto vacío, se habían acostumbrado a ellos. Habían llegado a saber que estaban allí como de relleno y eso no molestaba al pueblo.

   Bruno no conseguía dominar su carácter inquieto, seguía en sus trece de que había que hacer algo más que esperar acontecimientos. Se acordó que tenía pendiente la idea de hablar con Vanessa, la "ingeniera" de la guardería y se dispuso a cumplir su objetivo. Aprovechó el momento de ir a recoger a su hermana, para ello se retrasó deliberadamente con el fin de intentar quedarse solo con ella.  


   Cuando Bruno apareció por la guardería, la penúltima niña era recogida por sus familiares, la "ingeniera" se estaba despidiendo de ellos y ya tan solo Maia quedaba sentada tranquilamente en su pequeño pupitre. Bruno aguardó pacientemente la reacción de Vanessa que no se hizo esperar, ella se dirigió con una sonrisa hacia el lugar donde él se encontraba. Le invitó a entrar en el aula, mientras tanto Maia como si intuyera que su hermano algo quería, abrió su mochila, sacó un cuaderno y unos lápices y se dispuso a entretenerse con unos dibujos. Vanessa se sentó junto a su mesa y le ofreció una silla a Bruno, el gesto fue lo suficientemente explícito como para dar a entender que ella captaba su sentir, y eso que él simplemente se había limitado a saludarla tímidamente...

R.P.I. 02/2013/1807 B-387-13

Poema: "Pueblo mio"

   Hay pueblo mio...
te pierdes en el páramo
del siempre lo mismo.
   No quiero morir de viejo
aquí, triste y aburrido.
   Las prímulas, hoy ...
adornan con su color
los prados solitarios y baldíos,
que aún así...
anuncian en su verdor
a la incipiente primavera.
   Se que un día no es igual
a otro día... lo sé,
y aunque los ciclos parecen
un calco unos de otros,
algo cambia en mí,
algo cambia en el pueblo,
cuando la sabia nueva
invita a la regeneración.
   Y aunque el riesgo es amigo,
de aquello que llaman miedo,
darme un sorbo de esperanza
... y lo beberé con gusto,
lo haré... con toda la confianza.


miércoles, 4 de marzo de 2015

Novela: "Pueblo de Ramu" (Parte 54)

Nota: Parte 1 (Junio) - Partes 2/10  (Septiembre) - Partes 11/19  (Octubre)
 Partes 20/30  (Noviembre) - Partes 31/37 (Diciembre) - Partes 38/46 (Enero) - Partes 47/53 (Febrero)-


...  El oficial, ya no tan airado, observó la actitud firme del teniente, tal vez comprendió que éste no iba a claudicar en sus intenciones y para evitar entrar en un baño de sangre, decidió que era mejor pasar la pelota a sus superiores. Habló un largo rato por la radio, esta vez si que se permitió discutir, quizás para convencerles que era mejor retirarse y evitar enfrentamientos inútiles y de fatales consecuencias. Debió conseguir el propósito porque acto seguido se dirigió al teniente para indicarle en un tono serio y marcial.

—  Nos retiramos… pero debe usted saber que ha cometido desacato y tendrá que atenerse a las consecuencias. 

   Los vehículos de la comitiva maniobraron para volver por sus pasos alejándose con estrépito por las curvas de la carretera. Justo en ese momento el pueblo se puso en pie y con serenidad aplacando su alegría,  empezaron a hablar entre ellos a la vez que rodeaban al teniente Lorenzus y sus hombres sin acaparar su espacio ni agobiarles. Alguien le preguntó:

— ¿Por qué ha hecho esto Teniente Lorenzus?

   La respuesta fue seca y contundente, sin aspavientos y como si se hubiera contagiado de la serenidad del pueblo pronunció:

— Yo ya no tengo nada que perder…

   Acto seguido mandó discreción a sus hombres y en irregular formación y con los fusiles caídos se dirigieron a su cuartel atravesando la masa de gente. Multitud de miradas se dirigieron a ellos mostrando agradecimiento, más de una mano se posó despacio en el hombro de alguno de los soldados y estos reaccionaron con tímidas sonrisas que no podían ocultar su desconcierto. Nadie de los allí presentes sabía en esos momentos lo que podría ocurrir el día de mañana, seguramente ni pensaban en ello. Lorenzus mostraba por la expresión de su rostro que sí estaba en su mente la consecuencia de su inmediato futuro, él conocía ahora mejor que nadie su destino.

   Bruno asistió a toda la acción en silencio, sentado en las primeras filas, esperando recibir los primeros golpes, resignado a ello y dispuesto a resistir. El desenlace le sorprendió como a todos, era lo último que podía imaginar. Observó el gesto y la mirada un tanto vaga del Teniente Lorenzus mientras se retiraba caminando con firmeza y gesto altivo. Sintió admiración por su gesto y le hubiera abrazado por ello, pero como todos optó por respetar su espacio y abrirle paso.

  Tras los acontecimientos, era difícil volver a encontrar la normalidad en el pueblo, pero que podían hacer sino intentar que las aguas volvieran a su cauce y esperar. En esa partida de retos el pueblo había movido ficha, ahora correspondía al gobierno hacerlo y el movimiento a buen seguro que no iba a gustar.

   El teniente Lorenzus y sus hombres habían bajado la guardia en el pueblo totalmente, tan solo seguían con la vigilancia perimetral. Mandó que ya no se hicieran rondas por las calles e inclinó a sus soldados para se relajaran mientras se mantenían a la espera de noticias… y estas no tardaron en llegar a los pocos días.

   La orden que recibió el teniente Lorenzus era tajante y explícita, debería abandonar el pueblo junto a sus soldados y presentarse a sus superiores. Lo que le desconcertó un tanto era que en la orden no se indicaba que habría relevo, es decir el pueblo a partir de ese momento se suponía que quedaba sin vigilancia directa. Lorenzus aviso a los representantes del hecho y estos le conminaron a hablar en privado, éste atendió su solicitud y se presentó en la sala de juntas del centro de logística.

— ¿Que quieren de mí?

— Nada, usted ya ha hecho más que suficiente y por ello le estaremos eternamente agradecidos.

—  Diría… que soy un soldado y he cumplido con mi deber, pero creo que he ido mucho más lejos y me he extralimitado en mis funciones…

—  ¿Qué quiere decirnos con esa frase Lorenzus?

— Un soldado se supone que no piensa, que no siente y solo se limita a cumplir órdenes…

— ¿Y usted lo hizo?

— Digamos que interpreté las órdenes a mi manera.

— Lo suponemos…


   En ese momento se instauró en la sala un silencio claramente revelador, el teniente Lorenzus bajó totalmente la guardia y abandonó su gesto marcial para convertirse en un hombre con cierto aire de estar abatido...

R.P.I. 02/2013/1807 B-387-13

martes, 3 de marzo de 2015

Meditaciones al alba: "La retórica despectiva"


Existe una clase de retórica aplicada a los discursos, principalmente políticos, que resulta despectiva desde el mismo momento que las palabras son pronunciadas.
Consiste, ni más ni menos, que poner en boca y hechos de los demás los errores que son propios y exclusivos del que habla.
Es una fórmula sencilla y metódica de mentir para esconder las particulares miserias.
El recurso necesita ampararse en la ignorancia para que resulte creíble, y es sumamente irritante para todo aquel que entienda el sentido de la manipulación verbal.
En este tipo de retórica, la honestidad brilla por su ausencia.